LUIS RAMIRO
Madrid, 20 de febrero de 2016. Sala Joy Eslava
La casualidad es eso que te hace cruzarte dos veces con el mismo desconocido en una ciudad tan enorme como Madrid. Es esa chispa que salta cuando en una conversación con un chico soltáis al mismo tiempo el nombre de un cantautor que os gusta. La casualidad es la que provoca que pocos días después de escribirle un poema a un antiguo amor te lo encuentres por los bares de la que fue tu ciudad de la infancia. O esa sensación que te invade cuando acabas en segunda fila escuchando una voz como la de Luis Ramiro. Porque es así, pura magia. Como las casualidades. Como el nombre de su nuevo disco. Mágico.
20 de Febrero, nueve menos cuarto de la noche, quien sabe si las nueve y algo. La sala Joy abarrotada y una acústica a manos del cantautor son suficientes para crear de un gallinero y unos palcos el salón de tu casa. El deleite comienza cuando empiezas a sentirte como aquella chiquilla de un pueblo perdido a la que le escribe una canción años después, la que escribía poemas en los tejados. Capaz de desayunar con diamantes gracias a un teclado, una eléctrica, una batería, un violín y una acústica, Ramiro lo logra, finalmente; de pronto, eres perfecta en mitad de todas esas personas...sin darte cuenta, con tus marquitas, como el sol y como la tierra.
A riesgo de parecer víctima de las hormonas y a su favor diré que, tras muchos conciertos y mucha música en directo, queda demostrado que no todos aquellos que se suben a los escenarios son capaces de alejarse del micro, cantar a pleno pulmón y dejar al público enmudecido. Como tampoco lo son de endulzar un concierto ya de por sí muy dulce con la voz de una artista como es Conchita sin que el espectador acabe con una sobredosis de azúcar. Y aún así lo vuelve a lograr. Un concierto así sólo necesita de un éxtasis para ser redondo: y adivinad, vuelve a ocurrir. Te odio como nunca quise a nadie, su libro de poesía, aparece y te desgarra.
Mejor será creer en los dragones,
en grandes superhéroes invencibles,
mejor seguir soñando con leones que cazan mariposas imposibles.
Los Reyes Magos nunca son los padres,
no dejes que te engañe un torpe adulto,
prefieren que enmudezcas a que ladres,
la infancia que se alarga es un insulto.
Y yo sigo creyendo en Don Quijote,
en locos como aquellos los de antes,
en Sanchos gobernantes de su islote.
Reniego de los cuerdos dominantes,
yo tengo un corazón que sigue a flote,
yo sé que los molinos son gigantes.
Y de esta manera, con su voz profunda y ajada, arrojando el libro al suelo a medio poema y recitando de memoria esa oda a la infancia, ocurre. Te sientes como una cría de trece años otra vez, y mientras se van sucediendo las canciones vuelve a dolerte el primer desamor, vuelves a sentir la euforia de la primera juerga con tus amigos, vuelves a bailar como en aquella fiesta donde no sabías que todos, sin excepción, te estaban mirando.
Por ello, por un nuevo disco que conserva la esencia de la poesía y un toque muy personal entre lo amargo y lo sentimental, por ese sonido rasgado de la guitarra, por la fuerza de esa esfera musical y sobre todo, por esa Magia que describe tan bien las nuevas letras de Luis Ramiro... Bravo, bravísimo, tal y como diría Nacho Vegas.