DEPEDRO. CUADERNOS DE VIAJE

depedro 19 pop rock indie conciertosANGEL AMARILLO

Albacete, 18 de noviembre de 2016. Sala ClanDestino

Las botas de “El pasajero”, cuarto larga duración del grupo Depedro, proyecto encabezado por Jairo Zavala, llegaban a tierras albaceteñas donde hacía tres años no hacían parada y fonda como bien nos recordó antes de iniciar travesía en las tablas de la Sala Clandestino. Albacete se puso sus mejores galas para subirse al barco agotando los pasajes del vuelo.

Las canciones de Depedro viajan por las fuentes de la música de raíz latina, mestiza, fronteriza, la canción de autor, la música africana, el reggae, el blues, la cumbia...Y así fue también en esta jornada. Letras que nos llegan directas al corazón, hacen que reflexionemos sobre lo que pasa en el mundo, en nuestro interior y a nuestro alrededor, y en sus interpretaciones encontramos sentimientos, emoción y mucha magia. Sus discos son cuadernos de viajes que nos llevan por lugares y estados de ánimo.

Gracias a sus tiempos en Vacazul, Jairo Zavala nos da el toque rock cuando se necesita, de su época trabajando con Amparanoia, toma ese sonido de mestizaje, y, debido a su condición de miembro de Calexico, su música latina se une a los toques fronterizos. Además, se ha rodeado de unos músicos que saben acompañar la voz cálida de Jairo Zavala, así Javier Gómez (batería), Héctor Rojo (bajo y contrabajo), Kike Campos (guitarra eléctrica) y David Carrasco (saxo barítono, teclado, melódica y vibráfono) son el complemento perfecto para poder llevar el barco a buen puerto.

Iniciábamos periplo sacando las velas en “Como el viento” mientras los primeros acordes de la guitarra de Jairo acallaban la sala, y más, cuando su voz susurrante empezaba a dar el toque de esperanza que trasmite la letra. Seguidamente, el primer single del nuevo álbum, “¿Hay algo ahí?”, era acogido, como si ya fuese uno de sus éxitos,  por el público asistente que comenzaba a bailar en las primeras filas de la sala. El saxo barítono desplegaba alas, en las manos de David Carrasco, en una de las numerosas intervenciones que tendrá siendo de los más aclamados en este viaje.

Llamada a navegantes de Jairo hablando de un tiempo en el que hay que valorar ser un “Hombre bueno”, canción con mensaje positivo, como muchas de las letras de sus discos, y una voz que se eleva acompañada de nuevo por saxo y teclado. Y con ese rallo de esperanza miramos al cielo y vemos “Nubes de papel”  mientras contrabajo, melódica y guitarra acústica inician una melodía que poco a poco  incita a bailar con un estribillo coreado por el todo el pasaje.

Nuestra andadura no podía continuar sin pasar por el “DF” dónde Depedro nos transporta al México más profundo  con una voz que nos hace olvidar la de Enrique Bunbury que recordemos le acompaña en la versión del álbum.  Para recuperarnos del paseo fronterizo, “Tu mediodía” retoma la voz suave y cálida de un Jairo más intimo acompañado de los coros de los asistentes que susurran en una sala que, a estas alturas de concierto, ya no podían quedarse parados.

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Suena “Diciembre”, otro de los himnos de la banda, gran alarde de cuerdas que nos hace acordarnos de la voz de Pucho de Vetusta Morla en su versión de estudio, con un final a capella,  que es continuado por el público, hasta que la voz de Jairo empieza a hacer un alegato sobre aquellas personas que están en nuestro camino pero que no hacemos por ver, los olvidados por todos. “Dejalo ir” es un mediotiempo de su último elepé que nos cautiva en su letra y en su suave acompañamiento musical y que en directo nos noquea la conciencia.

Próxima estación: “Te sigo soñando”, una de las canciones con ese sonido fronterizo que nos traslada por el viejo oeste americano. David Carrasco, melódica en mano, acompaña a Jairo en un paseo romántico con botas de vaquero. Y del oeste seguimos nuestro periplo hacia ritmos más latinos, “El pescador “es presentado como una invitación al baile agarrao (como bailan en su Madrid natal -explica Jairo-), cumbia clásica que nos demuestra  que Depedro domina el amplio bagaje musical  latino. Y sin bajarnos del tren nos vamos a África con “Antes de que anochezca”, de su último álbum, estribillo de rock oscuro complementado con  ritmos de raíces africanas mamadas en la estancia de su familia por quince años en Guinea Ecuatorial. 

Esperando no llevar rumbo “Equivocado”, Jairo nos presenta un tema de conciencia que parte con una guitarra que irá creciendo mientras se van sumando todos los integrantes del grupo así como el público con sus voces.

De nuevo melódica y guitarra anuncian “All the way to the ground”, tema de su tercer álbum “La increíble historia de un hombre bueno”, que nos lleva hasta Panamericana”,  canción que toma nombre de la carretera que une Alaska con Argentina,  y que nos devuelve a tierras latinas con esta melodía que abre su último trabajo y que denuncia la situación de la América latina.  “La memoria”, de su primer larga duración, retoma la denuncia social en su letra (“...hay mucha gente 
que está cansada de pan y circo...”)
y nos muestra una banda perfectamente sincronizada.

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Para terminar la primera parte del viaje no había mejor puerto que “Llorona”, versión del clásico mexicano que Jairo ha conseguido hacer suyo de un modo que la propia Chavela estaría orgullosa. Jairo ha sabido adaptar su voz a este clásico rompiéndose en los momentos álgidos. Era uno de los temas más esperados de la noche y Depedro no defraudó. 

Hubiese sido un gran final de etapa pero Jairo, tras una breve parada, continuó camino en solitario acompañado únicamente por su guitarra y dejándonos otra perla, “Miguelito”, tema dedicado a su estado de ánimo levemente depresivo en el que Jairo encuentra sus mejores composiciones. Los grandes genios siempre se han valido de esos momentos y así lo demuestra, con su guitarra acústica y su gran voz, metiéndose al público en el bolsillo, si es que ya no lo estaba.

Casa de sal” y “Ser Valiente”, ambas de “El pasajero”, devuelven a la banda al escenario para ser meros acompañantes, con un gran juego de cuerdas, eso sí, de la voz, a veces tímida, a veces arrogante, de un Jairo Zavala que nos invita a luchar en una melodía in crescendo coreada por los asistentes.

Finalizamos el paseo en tierra “Comanche”, canción autodedicada recordando como su madre le llamaba siendo niño, y que llevó a toda la sala a entonar el pegadizo estribillo y a mover las caderas apoyado en ritmos brasileiros. Gran colofón para un gran viaje. 

El navío Depedro levaba anclas y podemos asegurar que el directo de la banda de Jairo Zavala tiene patente de corso para atacar a nuestras conciencias, con sus letras, y a nuestros oídos, con su magnífica voz y banda, barco al que sólo os invito a subiros, aunque sea de polizones.

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