VETUSTA MORLA



Madrid, 30 de mayo de 2014. Sala La Riviera
Ya he perdido la cuenta de las veces que Vetusta Morla ha llenado de música la que ya podemos decir que es su sala fetiche. Lo que si que sé es que en esta ocasión van a ser cinco los completos absolutos de la banda madrileña. A los fans les parece bien lo que demuestren en el escenario, sea lo que sea, saben que les va a gustar, normal, y es que las entradas se agotaron antes de que saliese a la luz su último trabajo “La Deriva”, pilar fundamental de ésta serie discontinua de conciertos en la capital en una gira que les llevará por lugares y festivales de aquí, de allí y de allá. Y es que quién apuesta por un concierto de Vetusta Morla apuesta sobre seguro. Sabe que va a disfrutar y mucho, pese a que la sala no acompañe (de eso hablaré más adelante).
Lo vivido el viernes, al igual que lo del jueves y el sábado, es una oda al buen gusto musical y visual de una de las mejores bandas nacionales que contamos en nuestro panorama independiente. Que estén sin parar encima del escenario casi dos horas es noticia, no para ellos, sino en la vida de los grupos nacionales, acostumbrados a conciertos de hora y cuarto o como mucho hora y media. Se agradece ese derroche, esa manera de darlo todo, como si fuera el último concierto de su vida. Todavía hay gente que se pregunta el porqué de éste ascenso tan repentino, con sólo tres discos en el mercado. Me atrevo a decir que cuando uno se acerca a un concierto suyo no sólo ve música, sino una suma de cosas bien ejecutadas, la iluminación es impecable, estudiada y parte fundamental del espectáculo. Sus movimientos, los de Pucho, marcados, ensayados, nada dejado a la improvisación. Todo esto hace que el que paga su entrada salga tan satisfecho que pagaría otra vez por ver de nuevo otro espectáculo de Vetusta Morla.


Fueron 22 los temas, todos nuevos, porque a los doce de “La deriva”, algunos coreados como si fuesen ya clásicos, hay que sumar los cinco de “Mapas” y otros cinco de “Un día en el mundo” con unos arreglos que en algunas ocasiones parecieran otros temas magistrales hasta que la voz punzante, distinta e inconfundible de Pucho nos hacía caer en que se trataba de los ya “viejos” temas. Con una primera oleada de canciones de su nuevo disco como “Golpe Maestro”, “Fuego”, “La Deriva”, que abrió el concierto, “La Mosca en Tu Pared” y “Pirómanos”. La maestría de Vetusta Morla ya estaba encima de la mesa y comenzaban a intercalar entre los temas nuevos a viejos conocidos de la banda como “Maldita Dulzura”, “Mapas” , “Un día en el Mundo”. Dejaron para el final, antes de los bises, a los temas noveles de mayor futuro como “Tour de Francia”, con un precioso led trasero y luces a juego, o “Fiesta Mayor”, un temazo, con el que se retiraban, no sin antes deleitar al público con “Copenhague”, “Valiente” o “La Cuadratura del Círculo”.






Y volvieron hasta dos veces, la primera con “Una Sonata Fantasma”, “Sálvese Quien Pueda” y “El Hombre del Saco”, con charla de su frontman para presentar al innumerable equipo y su locución sobre las derivas de la vida, y la segunda mientras parte del público ya abandonaba la sala, cosa que no me explico, para interpretar “Los Días Raros”, con un final que va creciendo hasta ser explosivo y acertado para un final de concierto épico en todas sus facetas.


Y lo que a buen seguro parece que fue un concierto de los mejores vividos en una gira que tiene todas las papeletas de convertirse en la gira del año, también tiene su parte un poco negativa. Yo entiendo que Madrid es modelo en algunas cosas. Las salas pequeñas y medianas son fantásticas, algunas con un sonido excepcional, pero está a años luz en cuanto a salas de conciertos para eventos un poco más grandes. La Riviera es un handicap muy grande, un lastre en el sonido redondo de los grupos. Vetusta Morla tiene una profesionalidad en el sonido que ya les gustaría a muchos grupos consagrados internacionalmente pero en ésta sala es imposible conseguir un sonido redondo, con matices. Suena a amalgama, a tumulto de rebotes, lo que ensombrece un espectáculo digno de un sonido impecable. Hay que pensárselo. Lo que puede ser el mejor concierto se convierte en un aprobado ramplón en lo que al sonido se refiere. Esperemos disfrutar de Vetusta Morla en un recinto como el que se merecen y creo que nos merecemos sus oyentes.
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