COUNTING CROWS EN BARCELONA


Barcelona, 7 de julio de 2015. Razzmatazz
Cuando recibimos la noticia de que L.A. se sumaba al concierto que Counting Crows iba a dar en la sala Razzmatazz como telonero, se nos iluminó la cara, pero también nos dejó con una sensación un tanto agridulce. Es la sensación que te deja ver a un músico tan excepcional como L.A. (cuyo último trabajo “From the City To The Ocean Side” fue nuestro disco del mes), siendo la actuación previa a otro grupo. Sin embargo, L.A. no se dejó achantar, ni por los escasos aplausos al pisar el escenario, ni por el silencio que reinaba en la sala en las primeras canciones. Supo ganarse al público poco a poco, sin compañía alguna, solo con su guitarra y su voz.
Cantó con intensidad y casi con agresividad, pero también bromeó con los asistentes: “¿Tenéis ganas de ver a Counting Crows?”, dijo en un breve descanso que aprovechó para contar su historia con la banda: Cuando vivía en Barcelona, su compañero de piso le preguntó si no había escuchado nunca a “estos tíos” y le prestó uno de sus discos que confesó que le dejó alucinado. Después afirmó que era increíble poder haber llegado hasta aquí y ser su telonero en la sala Razzmatazz, y con esa última frase se ganó el favor del público, que le correspondió con un
caluroso aplauso. Para cuando llegó a la quinta canción, la gente se animaba a dar palmadas al ritmo de su guitarra y cuando anunció que solo iba a tocar una más, se oyeron dos gritos entre el gentío, pidiéndole sus títulos más sonados. En definitiva, los veinte años de experiencia de L.A. se notaron, le sirvieron para dejarnos entusiasmados y volver un par de cabezas entre los asistentes que desconocían su música. Los mejores momentos fueron “Higher Place”, “Secrets Undone” y dominó con “Revolutionary Disguise”.
Entonces les llegó el turno a Counting Crows, que con este concierto presentaban su primer disco en siete años, “Somewhere Under Wonderland”. Sin embargo, a pesar de esos siete años de ausencia, solo les bastó pisar el escenario para meterse al público en el bolsillo. Prueba de ello es que cuando el líder del grupo Adam Duritz empezó a cantar, toda la sala se le unió. Los miembros del grupo se miraron anonadados y Duritz acercó el micrófono a los asistentes con una sonrisa de oreja a oreja, dejando que cantasen la mitad de la canción. Después de ese gesto, era imposible que no rebosasen confianza el resto del concierto y así
fue, Counting Crows se movió por el escenario como si fuese su casa. La sala se convirtió en un cómodo salón en el que Duritz pudo contar historietas entre canciones, sentado en uno de los bafles al borde del escenario. Por ejemplo, la historia del abuelo de uno de sus amigos, Pedro González González, inspiración para una de sus canciones y “uno de los mejores actores del antiguo Hollywood”, poca broma. Durante la hora y media que tocaron, hubo tiempo para dar rienda suelta al sentido del humor y el colegueo, donde Dan Millard (uno de sus tres guitarristas) hizo reír al cantante y este tuvo que parar la canción en seco protestando: “¡Para, Dan! ¡Joder, ahora tengo que empezar otra vez!”, lo cual arrancó la carcajada del público.
Pero también hubo tiempo para momentos emotivos, como la interpretación de “Colorblind”, la cual Duritz realizó con ojos vidriosos y demostró que los californianos también son capaces de ser sutiles con su música y poner los pelos de punta. Aunque, sin duda alguna, el culmen del concierto fue la grata sorpresa que nos otorgaron al versionar “Blues Run The Game”, con David Immerbluck recreándose en la guitarra. Por otra parte, de las canciones de su último disco triunfaron “Scarecrow”, “Cover Up The Sun” y “Earthquake Driver”.
Se despidieron muy apropiadamente con “Holiday In Spain”. Duritz explicó que llevaban mucho tiempo esperando volver a España para cantar esta canción y que jamás llegó a entender por qué fue número uno en las listas de Holanda y aquí pasó desapercibida. Cuando terminaron, la sala se deshizo en aplausos, a lo que el cantante correspondió con el grito de “¡descuidad, volveremos!”

